En la mitología romana Venus es la divinidad del amor y de la belleza, quien es la asimilación de la Afrodita de los griegos. Antes de ser identificada con esta, fue una diosa itálica, protectora de la naturaleza floreciente, de los huertos, de los marinos y especialmente del encanto femenino. Goza de un especial culto en Ardea, y contó en Roma con dos templos: uno en el bosque sagrado de Libitina y otro en las inmediaciones del Circo Máximo.
Por expreso deseo de los Libros Sibilinos, un lectisternio la asocio con el dios Marte (217 antes de Jesucristo), con el cual llevó a cabo la obra de la fecundación universal. El primer contacto entre la Afrodita griega y la diosa itálica pudo haberse establecido a través del santuario de Eryx en Sicilia, donde empezó a venerarse bajo el nombre de Venus Ericina. La leyenda griega la hace nacida del mar.
En la época helenística, Venus aparece con frecuencia acompañada de un niño, Eros, que pasa a ser Cupido, su hijo, en la mitología romana. En el año 114 antes de Jesucristo se le dedicó un templo en Roma, con el epíteto de Venus Verticordia (del latín vertere, volver, corda, corazones: la que vuelve o purifica los corazones), ya que se le atribuye la transformación del erotismo femenino en castidad, cuya advocación se le confirió. En los últimos años de la República, su culto oficial creció en importancia al convertirse en protectora de los hombres de estado: Sila y Pompeyo atribuyeron su fortuna politica a Venus Felix y a Venus Victrix, respectivamente. Estas advocaciones perdieron actualidad al establecerse en Roma el culto oficial a Venus Genitrix, a la que Cesar consideró como antepasada de la gens Julia y protectora del estado. También bajo este nombre fue patrona de las comadronas. Este vínculo establecido por Cesar entre Venus y la ciudad de Roma subsistió a lo largo del tiempo: el templum Urbis, construido en la época de Adriano, asociaba todavía a Venus con Roma.
En las representaciones de Venus no existe un prototipo romano. Los artistas se inspiraron en los modelos griegos de Afrodita, sobre todo en las obras de Praxiteles y de sus sucesores. Por esta razón se designan indistintamente con el nombre de «Venus» las estatuas griegas y sus replicas romanas: Venus Anadiomena (la que surge del mar), descubierta en Cirene (museo de las Termas, Roma); Venus Calipiga (la de las hermosas nalgas), conservada en el museo de Napoles; Venus de Arles, descubierta en 1561 en Arles (Louvre); Venus de Cnido, obra de Praxiteles, muy famosa en la antigüedad (museo vaticano); Venus de Medicis (Uffizi), Venus de Milo, descubierta en 1828 en Milo, la más celebre de la antigüedad clásica (Louvre).
Se ha representado a la diosa enteramente desnuda, o con vestiduras ligeras; de pie, saliendo de las aguas, sobre un carro tirado por cisnes o por palomas, apoyada sobre una tortuga, sobre una concha, en actitud de bañarse, entre otros. Durante la edad media no se representó la figura de Venus. No obstante, repitieron el tema en Italia, a fines del siglo XV: Lorenzo di Credi (Venus, Uffizi), Botticelli (Nacimiento de Venus o Venus Anadiomena), entre otros. Asimismo fue uno de los temas preferidos de los grandes pintores de la escuela veneciana del siglo XVI y de los pintores de tema mitológico del barroco.
